No es justicia. Es guerra política

Por: Martín Eduardo Botero


Lo que estamos viendo no es una coincidencia.
Es una secuencia.

Primero, insinuaciones desde el poder.
Después, denuncias recicladas.
Ahora, una entrevista “exclusiva” con David Murcia Guzmán, presentada como si fuera una revelación histórica.

Y el blanco es claro: Abelardo De La Espriella.

¿Casualidad? No.
¿Oportunismo electoral? Todo indica que sí.

Los hechos que se traen hoy al debate son antiguos. Públicos. Conocidos. Sin novedad jurídica real. Pero reaparecen exactamente cuando el candidato crece, marca agenda y se vuelve incómodo para el establecimiento.

La fórmula es vieja:

  1. Se reactiva un episodio del pasado.
  2. Se le da envoltura moral.
  3. Se instala la duda.
  4. Se espera que el daño reputacional haga el resto.

No buscan una sentencia.
Buscan un titular.

El mensaje implícito es perverso: que un abogado queda manchado para siempre por haber ejercido su profesión. Que defender a un cliente impopular equivale a compartir su culpa. Si esa lógica prospera, entonces el derecho de defensa deja de ser pilar del Estado de Derecho y se convierte en estigma político.

Eso es grave. Muy grave.

Porque mañana no será De La Espriella.
Será cualquier abogado que asuma una causa difícil.
Será cualquier ciudadano que incomode al poder.

Si existen pruebas, que se presenten en sede disciplinaria.
Si no existen, lo que queda es una operación de desgaste.

Y el país ya aprendió algo en los últimos años:
cuando el poder no puede derrotar ideas, intenta destruir reputaciones.

No es justicia.
Es táctica.

No es ética.
Es cálculo.

Pero hay un riesgo para quienes ejecutan estas maniobras: cuando la ciudadanía percibe persecución en lugar de competencia, el efecto suele invertirse. El ataque deja de debilitar y empieza a consolidar.

La democracia no se defiende judicializando campañas.
Se defiende debatiendo propuestas.

Y si el miedo del establecimiento es que un candidato gane en las urnas, la respuesta no es una entrevista incendiaria.

La respuesta es enfrentarlo políticamente.

Todo lo demás huele a nerviosismo.

Sobre el autor: Martín Eduardo Botero, PhD en Derecho Constitucional Europeo. Abogado graduado en Italia y España, miembro del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y procuratore legale en Italia. Autor de varios libros y más de un centenar de artículos jurídicos y profesor en universidades europeas y latinoamericanas.

Perfil en X: @boteroitaly

Nota editorial: Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la posición editorial de INFOCRONOS.


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