Por: Martín Eduardo Botero
Colombia entra esta semana en el tramo final de una de las campañas presidenciales más tensas, emocionales y decisivas de los últimos años. Y quizás por primera vez en mucho tiempo, millones de ciudadanos sienten que esta elección ya no se trata solamente de política.
Se trata del estado emocional de toda una nación.
Porque Colombia llega a este momento profundamente cansada. Cansada de la violencia, del miedo, de la inseguridad, del deterioro institucional, de la polarización permanente y de la sensación de que el país vive atrapado en una angustia que nunca termina.
Durante meses, y quizás durante años, muchos colombianos comenzaron lentamente a acostumbrarse a vivir con miedo, con incertidumbre, con rabia, con desconfianza y con la sensación de que el futuro se iba apagando poco a poco.
Y ese puede ser precisamente el daño más profundo que sufre una sociedad cuando pierde la esperanza colectiva.
Porque las naciones no se destruyen solamente por crisis económicas o conflictos políticos. También se desgastan cuando la gente deja de creer que el mañana puede ser mejor.
Pero algo distinto parece comenzar a moverse en Colombia.
Se percibe en las calles, en las caravanas, en las plazas llenas, en los jóvenes, en la emoción popular y en el silencio de quienes habían dejado de interesarse por la política y ahora vuelven lentamente a mirar el futuro con ilusión.
Tal vez por eso esta campaña ha adquirido un tono tan intenso. Porque ya no parece únicamente una disputa entre candidatos. Empieza a sentirse como un choque entre dos estados de ánimo nacionales: resignación o esperanza, miedo o entusiasmo, agotamiento o despertar.
Y allí aparece uno de los fenómenos más importantes de estas últimas semanas: el despertar emocional de una parte enorme del país.
Millones de personas parecen comenzar nuevamente a creer que Colombia puede levantarse, que la democracia todavía tiene fuerza, que el país puede recuperar seguridad, estabilidad y confianza en sí mismo.
Las elecciones modernas no se deciden solamente por programas políticos. También se deciden por emociones colectivas.
Y hoy Colombia parece debatirse precisamente entre continuar atrapada en el miedo o atreverse nuevamente a creer en la esperanza.
Por eso esta última semana tiene una dimensión histórica.
Porque lo que millones de ciudadanos decidirán en las urnas no será únicamente quién gobernará cuatro años. También decidirán qué emoción dominará el futuro inmediato del país, qué clima respirará la nación y si Colombia seguirá caminando bajo angustia o comenzará lentamente a levantarse otra vez.
Las sociedades heridas muchas veces sobreviven gracias a algo invisible pero poderoso: la capacidad de volver a creer.
Y quizás eso sea precisamente lo que hoy empieza a despertar en Colombia.
No solamente una campaña. No solamente un candidato.
Sino la posibilidad de que un pueblo cansado vuelva finalmente a mirar el futuro sin miedo.
Sobre el autor: Martín Eduardo Botero, PhD en Derecho Constitucional Europeo. Abogado graduado en Italia y España, miembro del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y procuratore legale en Italia. Autor de varios libros y más de un centenar de artículos jurídicos y profesor en universidades europeas y latinoamericanas.
Perfil en X: @boteroitaly
Nota editorial: Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la posición editorial de INFOCRONOS.

