Donald Trump aterriza esta semana en China acompañado por algunos de los empresarios más poderosos de Estados Unidos, en una visita con Xi Jinping que llega en medio de tensiones comerciales, disputas tecnológicas y un nuevo pulso global entre Washington y Pekín.
Lo que está en juego no es únicamente comercio. Estados Unidos y China se disputan influencia sobre inteligencia artificial, minerales críticos, semiconductores, cadenas de suministro, energía y mercados estratégicos, en una competencia que ya redefine el equilibrio económico mundial.
La visita, prevista entre el 13 y el 15 de mayo, ocurre después de la tregua comercial pactada en octubre en Busan, Corea del Sur, donde ambas potencias acordaron reducir temporalmente una escalada arancelaria que había golpeado exportaciones, mercados financieros y cadenas de suministro.
Sin embargo, la tensión no desapareció. Washington mantiene restricciones sobre sectores tecnológicos sensibles, mientras Pekín conserva una carta de presión clave gracias a su dominio sobre las tierras raras, minerales esenciales para fabricar chips, vehículos eléctricos, sistemas militares, inteligencia artificial y tecnología avanzada.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán también aparece como uno de los factores de fondo. Washington busca evitar una mayor desestabilización energética y contener el acercamiento entre Pekín y Teherán, en momentos en que China mantiene influencia económica sobre el régimen iraní.
La dimensión de la visita queda reflejada en la delegación que acompaña a Trump. Junto al mandatario viajan Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX; Tim Cook, CEO de Apple; Jensen Huang, CEO de Nvidia; Larry Fink, de BlackRock; David Solomon, de Goldman Sachs; Jane Fraser, de Citi, y otros altos ejecutivos de Silicon Valley y Wall Street.
La presencia de esas figuras muestra que la disputa entre Estados Unidos y China dejó de ser únicamente comercial. Hoy el pulso se libra alrededor de inteligencia artificial, semiconductores, energía, finanzas, defensa y control industrial.
La participación de Nvidia resulta especialmente significativa en medio de la carrera global por los chips avanzados y la inteligencia artificial, dos sectores que se han convertido en focos centrales de tensión entre Washington y Pekín.
Antes del encuentro entre Trump y Xi, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino He Lifeng sostendrán reuniones económicas en Corea del Sur para preparar parte de la agenda bilateral.
Trump aseguró antes del viaje que espera “grandes cosas” para ambos países. Pero detrás del tono diplomático persiste una disputa de fondo. Estados Unidos busca contener el avance tecnológico y geopolítico chino, mientras Pekín intenta preservar acceso a mercados, inversión y tecnología sin ceder en asuntos estratégicos.
Las conversaciones entre Trump y Xi podrían marcar una nueva etapa en la relación entre las dos mayores economías del mundo. Lo que se discuta en Pekín no solo impactará comercio y mercados. También puede definir parte del equilibrio tecnológico, energético y estratégico de la próxima década.


