La investigación, publicada en Nature Communications, comparó a adultos sanos que tomaban café con quienes no lo consumían y luego analizó qué ocurría al suspenderlo y reintroducirlo. Los resultados sugieren que, incluso en su versión descafeinada, el café puede beneficiar la microbiota intestinal y favorecer algunas funciones de la memoria, aunque no prueban por sí solos un beneficio cognitivo general.
El café no solo actúa como un estimulante. Un estudio liderado por investigadores de University College Cork, en Irlanda, encontró que su consumo habitual se asocia con cambios medibles en la microbiota intestinal, en metabolitos vinculados con la comunicación entre intestino y cerebro, y en varios indicadores de conducta, estado de ánimo y desempeño cognitivo.
La investigación fue publicada en Nature Communications y evaluó a 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años: 31 que no tomaban café y 31 consumidores habituales, definidos como personas que solían ingerir entre tres y cinco tazas al día. Después de la comparación inicial, el grupo consumidor suspendió el café durante dos semanas y luego volvió a tomarlo durante 21 días, esta vez dividido entre café con cafeína y descafeinado.
Ese diseño permitió a los autores observar no solo las diferencias entre consumidores y no consumidores, sino también qué cambios aparecían al retirar la bebida y cuáles regresaban al reintroducirla. El objetivo central fue estudiar su impacto sobre el llamado eje microbiota-intestino-cerebro, es decir, la red de comunicación bidireccional entre el sistema digestivo, los microorganismos intestinales y el cerebro.
En la comparación basal, los consumidores habituales mostraron diferencias claras en la composición del microbioma fecal. El estudio reportó una mayor abundancia relativa de especies de Cryptobacterium y Eggerthella, junto con niveles más bajos de algunos compuestos presentes en las heces, entre ellos el ácido indol-3-propiónico, el indol-3-carboxialdehído y el neurotransmisor GABA. Según los autores, esos hallazgos apuntan a que el café modifica rutas metabólicas y microbianas que podrían tener relación con funciones cerebrales y emocionales.
En el plano conductual, los investigadores encontraron que quienes tomaban café de forma habitual presentaban mayor impulsividad y mayor reactividad emocional que los no consumidores. Tras dos semanas de suspensión, ambas medidas disminuyeron. Luego, al reintroducir la bebida, aparecieron diferencias según el tipo de café: el café con cafeína se asoció con menos ansiedad y menor malestar psicológico, mientras que el descafeinado mostró mejoras en calidad del sueño, actividad física y varias pruebas de memoria episódica.
Ese punto es clave para no exagerar la conclusión. El estudio no dice que el café, en general, mejore la salud cognitiva de manera uniforme. De hecho, en la comparación inicial, los no consumidores mostraron mejor desempeño de memoria que los consumidores habituales. Lo que sí encontraron los autores es que, después del periodo de lavado y reintroducción, el café descafeinado se asoció con mejoras en algunas pruebas de memoria y aprendizaje, lo que sugiere que ciertos efectos podrían depender de otros compuestos del café y no solo de la cafeína.
La investigación también examinó marcadores de inflamación. En términos generales, los consumidores habituales tenían niveles más bajos de proteína C reactiva y algunas respuestas inmunes distintas frente a los no consumidores. Además, varios beneficios sobre el estado de ánimo aparecieron tanto con café con cafeína como con descafeinado, mientras que las mediciones de cortisol no mostraron cambios robustos que permitieran concluir que el café alteró de forma clara la respuesta fisiológica al estrés.
Otro hallazgo relevante fue que la reintroducción del café produjo cambios agudos en la microbiota intestinal incluso cuando se trató de café descafeinado. Para los autores, eso refuerza la idea de que el efecto del café sobre el intestino no se explica únicamente por la cafeína, sino también por otros compuestos, como polifenoles y metabolitos derivados de su procesamiento.
Con todo, el propio estudio pone límites importantes. Se trató de una muestra pequeña, compuesta solo por adultos sanos residentes en Irlanda, y no fue diseñada para demostrar efectos clínicos de largo plazo ni para concluir que el café previene enfermedades neurológicas. Los autores también reconocen que el trabajo pudo no tener potencia suficiente para detectar efectos pequeños o moderados más allá de su hipótesis principal sobre el microbioma, y admiten que hacen falta estudios futuros para precisar qué cambios son verdaderamente beneficiosos y cuáles responden a diferencias de hábito, tolerancia o retirada.
En otras palabras, el hallazgo es relevante porque muestra que el café deja una huella biológica medible en el intestino y que esa huella se relaciona con variables cognitivas y emocionales. Sin convertirlo en una promesa exagerada, el estudio sí aporta evidencia de que el café, incluso descafeinado, puede beneficiar la microbiota intestinal y favorecer algunas funciones de la memoria.



