Tras el golpe al régimen chavista en Venezuela y la ofensiva contra el régimen de los ayatolás en Irán, el nuevo equilibrio geopolítico empieza a presionar al régimen castrista en Cuba.
Durante años, el régimen cubano logró sobrevivir gracias a una red de apoyos externos que compensaban el fracaso estructural de su modelo económico. Petróleo subsidiado desde Venezuela, cooperación política con aliados ideológicos y un sistema de alianzas internacionales que le permitía sortear sanciones y crisis internas. Pero ese ecosistema empieza a fracturarse. Los acontecimientos de los últimos meses —en América Latina, en el Caribe y en el tablero internacional— muestran un patrón que termina convergiendo en un mismo punto: la creciente fragilidad del sistema cubano.
El colapso del sostén energético
El primer golpe vino del colapso del esquema energético que sostuvo a la isla durante más de dos décadas. Durante años, Venezuela envió petróleo subsidiado que permitió mantener operativas las termoeléctricas, el transporte y buena parte de la economía cubana. Ese flujo no solo era un acuerdo energético: era el pilar material del sistema. La caída del régimen venezolano encabezado por Nicolás Maduro alteró completamente ese equilibrio. Con la industria petrolera venezolana bajo control estadounidense y el suministro político de crudo prácticamente neutralizado, Cuba perdió su principal salvavidas energético.
Las consecuencias se sienten en la isla: apagones prolongados, escasez de combustible y una economía cada vez más paralizada. Ante ese vacío, La Habana ha intentado buscar rutas alternativas. Uno de los ejemplos más reveladores fue el envío de combustible desde África, una operación logística costosa y poco común que evidencia hasta qué punto la crisis energética cubana se ha profundizado. Pero ese movimiento no resuelve el problema estructural. Es apenas un parche de emergencia.
Al mismo tiempo, otro apoyo potencial también empezó a cerrarse. México confirmó recientemente la pausa en los envíos de petróleo a Cuba, en medio de la mayor presión ejercida por Estados Unidos contra el régimen castrista en años recientes. La decisión encaja con la estrategia de Washington de cortar las fuentes externas de energía que han permitido a La Habana sostener artificialmente su sistema. Sin petróleo externo, el régimen cubano enfrenta su mayor vulnerabilidad.
El nuevo tablero geopolítico
Ese escenario se desarrolla además en un contexto geopolítico más amplio. La ofensiva contra el régimen iraní —uno de los aliados del eje antioccidental— ha alterado el equilibrio de poder en el sistema internacional y ha debilitado redes de cooperación política que durante años conectaron a varios regímenes autoritarios. Irán no ha sido un sostén energético directo para Cuba como lo fue Venezuela, pero sí formaba parte de un entramado diplomático y estratégico que ayudaba a equilibrar la presión internacional. A medida que ese entramado se debilita, la capacidad de resistencia de algunos de esos regímenes también se reduce.
En paralelo, el propio presidente estadounidense Donald Trump ha dejado claro que el tablero del Caribe también está cambiando. Tras la caída de Maduro, Trump afirmó que Estados Unidos podría llegar a asumir el control de Cuba “de forma amistosa”, sugiriendo un escenario de transición en el que Washington tenga un papel determinante. La declaración refleja hasta qué punto el equilibrio regional se ha movido. Sin el petróleo venezolano, sin margen financiero para comprar combustible en el mercado internacional, con apagones que paralizan la economía y con una presión externa cada vez mayor, Cuba enfrenta uno de los momentos más críticos desde el fin de la Guerra Fría.
Incluso el propio régimen ha reconocido contactos con Washington, algo impensable durante décadas de confrontación retórica. Nada de esto garantiza un desenlace inmediato. Los sistemas autoritarios suelen tener una notable capacidad de supervivencia. Pero cuando los pilares externos empiezan a caer uno tras otro —Venezuela, el suministro energético, los aliados estratégicos y el margen internacional— el sistema que dependía de ellos inevitablemente entra en una fase de incertidumbre.
En geopolítica, los grandes cambios rara vez ocurren por un solo evento decisivo. Suelen ser el resultado de procesos acumulativos que, al converger, terminan alterando el equilibrio de poder. Y hoy varios de esos procesos parecen apuntar hacia el mismo lugar: Cuba.

