Por: Martín Eduardo Botero
El debate político empieza a concentrarse en un escenario que, lejos de ser marginal, parece hoy el más probable y el más decisivo: una primera vuelta con tres candidaturas fuertes y una segunda vuelta inevitablemente polarizada.
Pensar ese escenario con serenidad —y no con consignas— es clave para entender qué está en juego y quién llega mejor parado.
Más allá de nombres y encuestas, hay un dato estructural que rara vez se dice con claridad:
el centro-derecha y la derecha suman cerca del 60 % del electorado colombiano.
Ese bloque es mayoritario, pero entra dividido en primera vuelta.
La izquierda, en cambio, entra ordenada, con un candidato de voto duro que ronda el 30-33 %.
Eso explica por qué la izquierda pasa siempre a segunda vuelta, aun sin ser mayoría nacional.
La consulta: ordena, pero no manda
La consulta del centro-derecha dará un veredicto interno. Todo indica que Paloma Valencia puede salir fortalecida de ese proceso, respaldada por estructura, partido y lo que suele llamarse «la casta política».
Pero aquí aparece una confusión frecuente: ganar una consulta no equivale a comandar automáticamente el electorado nacional.
La consulta ordena a quienes participan en ella, no a todo el país.
El triple escenario: Cepeda, De La Espriella y Paloma
Si a primera vuelta llegan Iván Cepeda, Abelardo De La Espriella y Paloma Valencia, el tablero queda así:
- Cepeda entra con su voto ideológico duro.
- Paloma entra con estructura, partido y visibilidad.
- De La Espriella entra como outsider, sin aparato, pero con algo decisivo: capacidad de arrastre fuera del sistema.
El centro cree —o quiere creer— que podrá «telecomandar» los votos hacia Paloma.
La realidad electoral suele ser menos obediente.
I. El factor que el centro subestima
Hay tres elementos que pesan más de lo que el análisis tradicional admite:
- Una parte del electorado no se deja conducir por aparatos.
- Muchos votantes del centro-derecha no se sienten representados por la política tradicional, aunque compartan ideas.
- La variable cultural existe: Colombia sigue siendo un país con resistencias profundas, y eso también influye —para bien o para mal— en el comportamiento electoral.
En ese contexto, una fracción relevante del voto que «debería» ir a Paloma no necesariamente lo hará. Una parte se moverá hacia De La Espriella, no por afinidad partidaria, sino por rechazo al sistema.
Il. Primera vuelta: pasan dos
En ese escenario, el desenlace más probable es claro:
Pasa Cepeda, porque entra ordenado.
Pasa De La Espriella, porque concentra el voto anti- Cepeda fuera del aparato tradicional.
Paloma queda tercera, pero no irrelevante: queda como factor decisivo.
III. Segunda vuelta: donde se define todo
En segunda vuelta, la elección deja de ser múltiple y se vuelve binaria.
Y ahí ocurre lo que la historia electoral colombiana repite:
- el voto se concentra,
- la abstención se reduce,
- el «mal menor» se impone,
- y el electorado mayoritario del centro-derecha se activa plenamente.
En ese escenario, De La Espriella parte con un piso alto, cercano al 40-45 %, y con capacidad real de superar ese umbral con:
voto útil,
voto de Paloma,
indecisos,
y voto en el exterior.
Conclusión
Paradójicamente, que pasen tres a primera vuelta no debilita a De La Espriella: lo fortalece.
Porque acelera la polarización real, desnuda la fragmentación del centro y deja claro que la elección no es ideológica, sino sistémica.
Ahí comienza la verdadera campaña. No la de las encuestas, sino la del orden final del país frente a dos destinos posibles.
Conclusión estratégica (la más importante)
Sí, la consulta intenta ungir a un candidato de la élite.
Sí, las legislativas refuerzan esa ilusión de fuerza.
Sí, intentarán aislar a De La Espriella.
Pero:
Las elecciones no las gana quien controla los partidos, sino quien interpreta mejor el ánimo social en el momento decisivo.
Y ese momento no es marzo. Es mayo.
La élite juega a ordenar el tablero. El outsider juega a romperlo.Y la historia reciente demuestra que, cuando el hartazgo supera al miedo, el cerco se resquebraja.
Sobre el autor: Martín Eduardo Botero, PhD en Derecho Constitucional Europeo. Abogado graduado en Italia y España, miembro del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y procuratore legale en Italia. Autor de varios libros y más de un centenar de artículos jurídicos y profesor en universidades europeas y latinoamericanas.
Perfil en X: @boteroitaly
Este texto fue publicado originalmente en X y se reproduce con autorización del autor.
Nota editorial: Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la posición editorial de INFOCRONOS.

